Ser ciego sin dejar de ser estudiante de Periodismo
Se llama Patricia Carrascal, tiene 21 años y estudia Periodismo, normalmente con esa presentación bastaría, pero esta universitaria tiene una característica añadida, es invidente. Asegura que a la gente se le hace muy raro ver a alguien con una discapacidad que estudie en la facultad y que lleve una vida lo mas normal posible. Sin embargo, gracias a los avances tecnológicos que hay hoy en día, estar ciego ya no significa quedarse en casa en un rincón o vender cupones.
Patricia sufre una minusvalía del 75%, con el ojo izquierdo no ve nada y con el derecho tiene aproximadamente un 0′95 de ceguera, es decir, puede percibir luz, claridad y colores y a veces incluso, cuando es de noche ver cuando cambia el color del semáforo.
Por todo ello, necesita varias ayudas, usa un bastón para caminar por la calle, siempre que el recorrido le sea conocido. A los sitios que va por primera vez, debe ir acompañada. Asegura que ha solicitado un perro guía pero hasta dentro de dos años es muy probable que no se lo concedan, ya que hay mucha lista de espera.
En cuanto a las clases, para el resumen de un libro, por ejemplo, lo primero que tiene que hacer es preguntar en la biblioteca de la Once si está ya en braille o grabado en cinta sonora. Si no es así, tiene que enviarlo a Madrid para que lo transcriban. En clase para tomar apuntes, utiliza un aparato que se llama Braille Speak, un mini ordenador sin pantalla sólo con 7 teclas (las 6 básicas de los puntos de braille y el espacio), en el que puede crear ficheros para las distintas asignaturas. El mecanismo es simple: escribe y guarda sus apuntes para luego pasarlos con un cable transformador a un disquet.
Si el profesor da fotocopias, las escanea en casa y las convierte a formato word. En el pc tiene un programa lector, llamado Jaws, que verbaliza todo lo que aparece en la pantalla. Sin embargo, este mecanismo tiene un fallo ya que sólo sirve para texto y es imposible leer, por ejemplo, gráficos. Un gran reto aún para los invidentes como Patricia que ven en las asignaturas como Economía una dificultad más añadida. De hecho, según confiesa es la única materia de la carrera que se le resiste y todo porque no puede imaginarse cómo es un balance de cuentas o un asiento de contabilidad sin poder verlo con sus propios ojos.
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